Kamala Harris, excandidata
presidencial demócrata, manifestó en la red X que la captura de Maduro "no
se trata de drogas ni de democracia, sino de petróleo y del deseo de Donald
Trump de erigirse en el dictador regional". Harris recalcó que, si bien
Maduro es un dictador brutal e ilegítimo, la acción fue ilegal e imprudente.
Otras voces demócratas, como Alexandria Ocasio-Cortez, también señalaron en
redes que la motivación principal no es la lucha antidrogas, recordando el
indulto reciente por parte de Trump a uno de los mayores narcotraficantes del
mundo, el expresidente hondureño Juan Orlando Hernández.
El debate no se limita al Partido
Demócrata. Marjorie Taylor Greene, congresista republicana, sostuvo que la
destitución de Maduro responde a una maniobra clara para controlar el
suministro petrolero. Por su parte, Bernie Sanders, senador de Vermont y referente
progresista, centró su crítica en la legalidad de la orden presidencial de
enviar tropas a Latinoamérica, advirtiendo que el presidente de Estados Unidos
no tiene el derecho de iniciar una guerra unilateralmente, ni siquiera contra
un dictador como Maduro. Sanders calificó la detención como una "operación
militar ilegal" y tachó la política de Trump de "imperialismo
puro", exhortando al Congreso a aprobar una Resolución de Poderes de
Guerra.
A nivel interno, aunque la
mayoría del Partido Republicano respalda a Trump en la defensa de la operación
contra Maduro, algunos funcionarios muestran cautela respecto al plan de
administrar transitoriamente Venezuela. Marco Rubio, secretario de Estado, expresó
confianza en la capacidad de Washington para impulsar una transición de poder,
evitando referirse a la posibilidad de que un órgano estadounidense gobierne el
país sudamericano. El senador Jim Jordan y Thomas Massie manifestaron dudas y
objeciones sobre la constitucionalidad y legalidad de la incursión militar.
Una coalición de países de
gobiernos progresistas —Brasil, Chile, Colombia, México, España y Uruguay—
emitió una declaración conjunta rechazando las acciones militares unilaterales
en Venezuela, por considerarlas contrarias a los principios fundamentales del
derecho internacional. El comunicado defiende el derecho del pueblo venezolano
a decidir su destino sin injerencias externas y rechaza cualquier intento de
control o apropiación extranjera de sus recursos naturales.
España, único país europeo
firmante, se ha posicionado como el crítico más destacado de la política de
Trump en Venezuela dentro del continente europeo. Mientras tanto, el canciller
alemán, Friedrich Merz, ha manifestado que llevará tiempo evaluar la legalidad
de la intervención estadounidense. El presidente del gobierno español, Pedro
Sánchez, puntualizó que su país no reconoce el régimen de Maduro, pero tampoco
avalará una intervención que viole el derecho internacional y genere
incertidumbre y conflicto en la región.
En contraste, algunos líderes
internacionales, como el presidente francés Emmanuel Macron, han resaltado que
la transición venezolana debería estar liderada por la oposición, deseando que
el presidente electo en 2024, Edmundo González Urrutia, conduzca el proceso
cuanto antes.
El secretario general de la ONU,
António Guterres, expresó su preocupación por el irrespeto a las normas del
derecho internacional durante la operación estadounidense en Caracas. Tanto
Guterres como el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker
Türk, exhortaron a cumplir la Carta de las Naciones Unidas, subrayando que los
Estados deben abstenerse de usar la fuerza contra la integridad territorial o
la independencia política de otros países.
Amnistía Internacional también
alertó que la operación probablemente constituye una violación al derecho
internacional, incluyendo la Carta de la ONU, y condenó la intención declarada
de Estados Unidos de gobernar Venezuela y controlar sus recursos petroleros.







