Durante este periodo, el presidente Donald Trump
responsabilizó tanto al gobernador Walz como al alcalde Jacob Frey de fomentar
la "insurrección" en respuesta al aumento de las protestas y
disturbios en la ciudad, lo que intensificó aún más la polarización política
sobre los hechos. La situación de agitación social provocó también que se
pospusiera el partido de los Timberwolves en la NBA, evidenciando hasta qué
punto el conflicto impactó la rutina diaria y los eventos deportivos en
Minneapolis.
Líderes cívicos
y sindicales organizaron protestas masivas en respuesta a la política
migratoria de Donald Trump; muchos comercios cerraron y el Departamento de
Seguridad Nacional defendió la detención de menores.







